Soja vs. calidad educativa

Los simples mortales no podemos entender muchas cosas. Por ejemplo, estamos entre los primeros diez países mayores exportadores del mundo de soja y carne vacuna, pero… también figuramos entre las naciones más pobres y con población menos educada del continente. Si uno recorre los shoppings de moda y ve los hermosos edificios en altura nuevos o en construcción, parecemos pertenecer al Primer Mundo, pero… aquí nomás, a la vuelta de la esquina, hay miles de niños pordioseros, familias completas hacinadas bajo carpas de hule y la mitad de nuestros jóvenes no ha concluido la educación media.

Como sociedad, algo grave no está bien. Alguna cuestión estructural y fundamental está mal. Si al año producimos 9 millones de toneladas de soja y 300.000 toneladas de carne, ¡caramba, esto podría alimentar a 30 millones de personas! Entonces, si apenas superamos los seis millones de paraguayos, ¿por qué hay tanta gente entre nosotros que sufre hambre?

Cambiando radicalmente de escenario, Japón Taiwán y Singapur son tres países pequeños, con territorios rocosos, nada propicios para la agricultura ni la ganadería, sin riquezas minerales en sus entrañas, pero… figuran entre las naciones con menos pobres en el mundo, con pobladores de muy altos ingresos per cápita. A excepción del pescado, importan casi todos los alimentos que consumen.

La paradoja es simple: aquí tenemos alimentos en abundancia, pero hay muchas personas que sufren hambre. Allá, no hay producción de alimentos, pero la mesa bien servida está puesta para todos. Esta es la verdad, no es un cuento chino. Entonces, ¿cuál es la fórmula mágica de los asiáticos?

Usan la cabeza, piensan, hacen trabajar el cerebro. Como no tienen mucha tierra fértil para cultivar (nosotros, sí) y tampoco poseen buena pastura para criar ganado (nosotros, sí), entonces empezaron a tomar con seriedad e intensidad la educación de calidad de su población. A subsistir como se pueda, mientras los jóvenes estudian en el país y en el exterior. No podían cultivar la tierra pero sí el conocimiento. La decisión tomada dio sus frutos. Hoy sus laboratorios de ciencias y tecnología venden los productos del conocimiento a todo el mundo.

De esta improvisada comparación, saquemos dos lecciones básicas: 1. Si apostamos a crecer solo con más exportaciones de soja y de carne, la mayoría de nuestra gente nunca saldrá de la pobreza. 2. La educación de calidad para todos, como mínimo hasta tener una profesión de mando medio, es el único camino para que la sociedad en su conjunto progrese.

Si todo el territorio nacional estuviese cubierto de soja y de ganado, eso traería mucha riqueza quizás a un millar de familias. Si toda la población hubiese pasado con éxito por una educación de calidad, tendríamos a unos seis millones de paraguayos realizados como personas y no millonarios pero sí con lo suficiente para gozar de una vida confortable. Si los “Tigres del Asia” lo hicieron, ¿por qué nosotros no podríamos lograrlo?

Por Ilde Silvero

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